• Alvaro Posse

Apuntes sobre el sufrimiento

DUKKHA

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Para dónde voy? Las tres preguntas anteriores han sido consideradas por muchos, como las más importantes de la historia de la humanidad porque plantean de manera derivada, el sentido de la existencia, algo que comúnmente se relaciona con el sufrimiento. Nuestro gran compositor cartagüeño, Hernán Rojas (1932-2001), interpretaba con su orquesta Los Warahuaco, una canción emblemática llamada El Pescador de Barú, que recoge varias de las creencias aceptadas por nuestra cultura en torno al sufrimiento y a la dependencia emocional de otra persona, entre otras. Así, interpretando el sentir de la sociedad, decía:

“Anoche no pude llegar a ti

Quise dar un grito pa desahogar

Entonces me puse fue a meditar

Que uno viene al mundo es pa sufrir

(…) Y me mataba el deseo

De estar contigo en el rancho

(…) porque sabes que te quiero

Y no puedo sufrir tanto.”


¿Y qué es sufrir? Si buscamos la definición de la Real Academia Española de la Lengua, encontramos varias acepciones, entre ellas: “Sentir físicamente un daño, un dolor, una enfermedad o un castigo / Sentir un daño moral / Recibir con resignación un daño moral o físico”.

Ahora bien, ¿sería posible no sufrir frente a un daño moral o de otra índole, un dolor, una enfermedad o un castigo? ¿Cuál es tu respuesta a esta pregunta?

En la lengua Pali, existe un término de difícil traducción, dukkha, que se ha asociado al sufrimiento, pero que se acerca más a un estado de descontento o de insatisfacción. Este significado nos apoya para entender, que el sufrimiento, visto como descontento o insatisfacción, se encuentra presente en la inmensa mayoría de las personas que habitan este planeta. Y para verificar, si lo dicho anteriormente corresponde con la realidad, basta con revisar algunas áreas de nuestras vidas:

1.- ¿Cómo está tu salud? ¿En qué porcentaje? ¿Por qué?

2.- ¿Cómo está tu prosperidad económica, tus finanzas personales? ¿En qué porcentaje? ¿Por qué?

3.- ¿Cómo están tus relaciones interpersonales? ¿En qué porcentaje? ¿Por qué?

4.- ¿Cómo está tu entorno? ¿En qué porcentaje? ¿Por qué?

5.- ¿Cómo está tu paz interior? ¿En qué porcentaje? ¿Por qué?

Y una pregunta adicional: Los porcentajes que pusiste, ¿señalan algún grado de dukkha? ¿algún grado de descontento o insatisfacción? ¿estás sufriendo? Y puedes responder: ¡Pero todos sufren! Porque uno viene el mundo es pa sufrir.

Ahora bien: ¿Será posible dejar de sufrir? Independiente de lo que creas, sí o no, hazte una pregunta de más fácil respuesta: Si estás en dukkha, ¿estás cansado(a) de sufrir?

Las probables respuestas a todas las preguntas anteriores las estaremos retomando más adelante. En conclusión, creo que estaremos de acuerdo, en que el sufrimiento es una realidad, que el descontento y la insatisfacción están presentes, o lo han estado, en varios sino muchos, episodios de nuestras vidas, y que es precisamente lo que aquí hemos señalado como dukkha, lo opuesto a la felicidad.

Entonces a continuación, exploraremos, primero las consecuencias o evidencias clínicas del sufrimiento, segundo las causas del mismo para pasar al punto más interesante, el tercero, las acciones para no sufrir más.


EVIDENCIAS CLÍNICAS DEL SUFRIMIENTO

El DSM-5 es una especie de biblia para las psiquiatras y los psicólogos, entre otros profesionales. Es una guía para el diagnóstico clínico de los trastornos mentales. En la página que indica su contenido, aparecen capítulos como los trastornos del estado de ánimo, los trastornos de ansiedad, los trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, los trastornos disruptivos, del control de impulsos y de la conducta, además de los trastornos de la personalidad entre muchos otros. Cada título, al abordarlo en sus respectivas secciones, posee múltiples variantes. Aquí no nos vamos a detener en estudiarlos todos ni en aprenderlos en profundidad. Sin embargo, con tan sólo mencionarlos podemos manifestar que, como efectos derivados del sufrimiento, se pueden producir múltiples trastornos mentales y, como si fuera poco, alteraciones somáticas, esto es, patologías que se ven reflejadas en la malfunción o disfunción de órganos y sistemas del cuerpo humano.

El estrés

Otro de los términos popularizados vinculados al dukkha, a la insatisfacción, descontento o sufrimiento, es el estrés: “una respuesta natural y adaptativa que se da ante las demandas del entorno. Cuando interpretamos una situación como amenazante o supone un reto para nosotros, el cerebro reacciona de forma orquestada activando ciertas estructuras que se encargarán de que nuestro cuerpo esté preparado para desarrollar un despliegue de energía que nos permita hacer frente a esas demandas.” (El Prado psicólogos, 2018)

Nuestro organismo está preparado para realizar este tipo de cambios cuando es necesario y puede volver a su estado natural sin que esto suponga sufrir consecuencias irreversibles. Sin embargo, cuando, por diferentes circunstancias, nos vemos inmersos en un cuadro de estrés crónico, se ha demostrado en numerosas investigaciones que nuestro cerebro sufre cambios tanto a nivel funcional como a nivel estructural o anatómico.” (El Prado psicólogos, 2018)


Ahora bien, cuando el estrés se vuelve crónico, las personas comienzan a tener dificultades para ejecutar las tareas que deben desarrollar a diario, todo porque el hipocampo termina siendo el más afectado en el cerebro. Así, siendo este el centro de la memoria, terminamos por olvidar dónde ponemos las cosas o qué actividades desarrollamos hace poco: el cerebro, en estas condiciones, comienza a “encogerse”. Y después de todo esto, se pueden llegar a presentar, como ya se advirtió, trastornos mentales y otros problemas de salud.

Un ejemplo de dukkha: ¿Qué es el “síndrome de Burnout?

Anclados, como lo hemos estado todos, a un sistema donde imperan las lógicas del capital financiero por encima de las lógicas de lo humano, se generan presiones que conducen a un “agotamiento físico y mental debido al estrés asociado con el trabajo y el desempleo”, definición dada para un trastorno mental: el Síndrome de Burnout, en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud. Además, añade la OMS, es "un síndrome resultante de un estrés crónico en el trabajo que no fue gestionado con éxito".

En algunos países, por ejemplo, Argentina se ha considerado que este síndrome es padecido por el 41% de la población. Las mujeres, de acuerdo con la Universidad Siglo 21 y su Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales, son más vulnerables a sufrir las consecuencias de este trastorno mental: la ilusión de lograr el éxito y la creencia de equipararlo a la consecución de dinero que a su vez permita adquirir productos que se venden como sinónimo de la felicidad, se convierte en el detonante de síntomas como: falta de energía o agotamiento, la presencia de una distancia mental con relación a la labor que se realiza, la aparición de sentimientos cínicos o negativos con relación al trabajo y, finalmente, la reducción de la eficacia profesional.

La aparición de los efectos del Síndrome de Burnout es gradual y, al comienzo, silenciosos, que se tornan cada vez más fuertes con el paso del tiempo hasta producir efectos negativos que influyen en todas las áreas de las vidas de las personas, en sus hogares, familia, sociedad y salud. En este último punto, para ilustrarlo, está comprobado que genera una evidente vulnerabilidad que se traduce en problemas de salud posteriores o paralelas a situaciones de fatiga, tristeza, irritabilidad, ira, insomnio, e incluso el uso indebido de sustancias psicoactivas y de bebidas alcohólicas. ¿Conoces personas que hayan pasado por algunos de estos episodios? ¿Te ha sucedido a ti?

La buena noticia

Y bien, después de hablar del sufrimiento, de la insatisfacción, del descontento, del Síndrome de Burnout, de los trastornos mentales, de las enfermedades que se podrían derivar y del estrés, en medio de un panorama algo desolador, se pretende aclarar que, hasta este punto, sólo se ha realizado una breve descripción de situaciones que existen y que pasan con mucha frecuencia y que les ocurre a muchas personas. E independientemente de que creas o no que “uno viene al mundo es pa sufrir”, existe en la Vida una Ley denominada Polaridad que “nos dice que todo tiene su par de opuestos (…) Por ejemplo: la luz y la oscuridad, el frío y el calor (…) Polos opuestos, etiquetados como positivos o negativos por el ser humano (…) Porque, ¿cómo podríamos entender la luz si no existiera la oscuridad? (Rodenas, 2016)

De la misma manera que no podríamos entender la luz si no existiera la oscuridad, ¿cómo podríamos entender el sufrimiento sin la tranquilidad, la insatisfacción sin la satisfacción, el descontento sin lo contento, los trastornos mentales sin el equilibrio mental, la enfermedad sin la salud? Si existen los unos, existen los otros, indudablemente. El juego ahora es reducir los primeros, priorizar los segundos a tal extremo de eliminar el dukkha, por lo que llamaremos arbitrariamente, el no-dukkha.

¿POR QUÉ SUFRIMOS?

Todos los seres humanos estamos plenamente capacitados para simbolizar nuestra vida y para reflexionar permanentemente sobre la misma. Somos capaces de observarnos, de ser conscientes de nuestros pensamientos, de identificar nuestras emociones, de analizar nuestras conductas y de trabajar sobre ellas: El ser humano está plenamente dotado de la facultad de rehacerse, de reinventarse, de transformarse, de cansarse de sufrir y en ese punto: ser feliz.

Muy a pesar de lo dicho, a comienzos del siglo XX, en el ámbito de la Psicología, Jhon Watson (1878 – 1958), uno de los fundadores del Conductismo, influenciado por las investigaciones de Iván Paulov, hacía referencia a no admitir diferencia alguna entre el hombre y el animal, todo porque ambos, ante los estímulos externos, ofrecen respuestas.

Mientras esto decía Watson, otro personaje importante, Sigmund Freud, señalaba que el ser humano es víctima de su inconsciente, todo porque la inmensa mayoría de nuestras decisiones las tomamos como si fuéramos una nave programada en piloto automático.

Sin embargo, contrastando el panorama desolador de estos dos grandes personajes, aparece la Psicología Humanista para decir, que si bien es cierto que el ser humano obedece mediante respuestas a estímulos externos y que, generalizando, la inmensa mayoría de la gente funciona “en automático”, eso viene a representar que tenemos un cuerpo biológico y un inconsciente, pero que además, el ser humano tiene voluntad y con ella, la capacidad de transformarse comenzando por ser consciente de su viva y ser capaz de observar y auto-observarse. Es decir, anexa a nuestra dimensión biológica e inconsciente, existe para todo ser humano la posibilidad. “Yo soy la posibilidad de…” todo lo que me proponga.

EL DISEÑO HUMANO Y EL SIGNIFICADO

A diferencia de la mayoría de los animales, el bebé humano recién nacido, es absolutamente indefenso. Un caballo, por ejemplo, camina minutos después de su nacimiento. El niño, tarda alrededor de un año en hacerlo. Sin embargo, la dependencia absoluta de su madre, además de conseguir por naturaleza ese sentimiento maternal inigualable, y ese vínculo sinigual, logra la compensación de la indefensión humana a través de la aparición de un complejo sistema cognitivo, a cambio de no contar con las calidades instintivas para sobrevivir.

Ese sistema cognitivo, según Cándarle (2016) es la capacidad de las personas para “conocer, aprehender y simbolizar la realidad”.

En nuestra realidad colombiana, un hombre que es asesinado en la esquina de una de nuestras calles, provoca en los observadores varias respuestas posibles, todas ellas, asignándole significados diferentes al hecho: Algunos dicen: - “Por algo sería que lo mataron; no debía ser cualquier santo…” Otros señalan: - “Qué inseguridad. Seguramente lo robaron y lo mataron”. Y ya en el cepelio algunos dirían: “Menos mal se murió este @+*?$%”. Y otros: “¡Qué pesar! Tan buena persona que era…” En resumen, incluso en la muerte, para unas personas puede ser bueno que determinada persona muriera mientras para otros no.

Las opiniones diferentes siempre se dan, por los diversos significados que ante un mismo hecho, le dan las personas. En oportunidades, el significado que se le da a un acontecimiento, provoca en unos dolor y sufrimiento y en otros no. Por ejemplo, conozco dos amigos a los que, en un mismo año, tuvieron que vivir el robo de su automóvil. Mientras José David[1], al enterarse del hurto de su vehículo, se descompuso física y emocionalmente, Pedro José lo tomó con toda la calma del mundo. Mientras para el primero, el robo de un vehículo significaba “tragedia”, para el segundo no. En psicología, la oportunidad de trabajar con personas como José David, que sufren, se centra en ayudarles a cambiar el significado que le dan a las cosas, es decir, a corregir distorsiones: Ninguna situación tiene un significado definido, pues como diría Gloria Arroyave: “La vida no tiene sentido. El sentido se lo damos nosotros a la vida.

El Golem y las distorsiones

Ahora bien: ¿Cómo surgen las distorsiones? Sin duda, de muchas maneras. Nos referiremos en este punto a algo que se denomina: El efecto Golem.

Imaginemos que, desde pequeño, a un niño le dicen que no sirve para nada, lo culpan de todo, lo apartan, lo inutilizan… ¿Qué puede pasar con ese niño? La presencia del sufrimiento será innegable, y esta, acompañada de sentimientos de culpa y de baja autoestima.


La Psicóloga Gema Sánchez Cuevas señala: “Hace más de 20 siglos, ya decía Pitágoras: ‘Enseña a los niños y no será necesario castigar a los hombres’. El desconocido efecto Golem apuesta justo por lo contrario. Vamos a conocerlo un poco mejor. Pero, para entender el efecto Golem, también conocido como efecto Pigmalión negativo, es interesante recordar en qué consiste el efecto Pigmalión desde un punto de vista psicológico. Entendemos el efecto Pigmalión cuando una persona, por pensar que puede influir sobre otra, termina teniendo esta influencia. Por lo tanto, tiene mucho que ver con las expectativas y está muy relacionado con otro efecto, el de la profecía autocumplida (observamos la realidad como esperamos que sea, facilitando, a su vez, que sea como la observamos).


(…) El Golem es el reverso del Pigmalión. En este proceso, un tercero condiciona, por sus expectativas negativas, al niño para que se disminuya su autoestima y no se considere capaz de hacer algo. Tanto el Golem como el Pigmalión retroalimentan al pequeño. Si un chico es animado y logra su objetivo, se sentirá capaz de ir mucho más allá. Por el contrario, si se cree inferior e incapaz, difícilmente se marcará metas que le ayuden a crecer.” (Sánchez Cuevas, 2018) Y cita a continuación la Dra. Cuevas a Mirko Badiale, quien señalaba: “En cada niño se debería poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado.”


Señalado todo lo anterior, tenemos dos niños: uno tratado bajo el Pigmalión y el otro bajo el Golem. El primero podrá tener una alta autoestima, el segundo no. El primero no se sentirá culpable, el segundo sí. El primero significa la vida en positivo, el segundo en negativo y lo negativo, en este punto, es una distorsión.

Las distorsiones cognitivas, que abordaremos más adelante, son: “esquemas equivocados de interpretar los hechos que generan múltiples consecuencias negativas: alteraciones emocionales como consecuencia de la perjudicial creencia en los pensamientos negativos, conflictos en las relaciones con los demás donde es posible que las interpretaciones erróneas generen conflictos, o en la manera de ver la vida dando lugar a una visión simplista y negativa.” (Moreno, 2019)

Construcción de imágenes

La imagen que el ser humano, desde niño, se hace las cosas y de las situaciones, constituye todo un sistema simbólico al que le da sus propios significados. Esto ocurre en la más tierna infancia con los niños: “Cada vez que aparezca el hambre, el bebé tendrá la capacidad de anticipar el hecho de que su progenitora acudirá para satisfacer su necesidad (…) Si al llorar un niño obtiene generalmente la atención de su cuidadora, aprende esa estrategia cognitivo-comportamental para atraer su atención. (…) Esta capacidad de aprendizaje y su consecuente capacidad anticipatoria es una clara evidencia de la impactante habilidad temprana que tenemos los humanos para captar y almacenar las regularidades y constancias de nuestro entorno”, señala Cándarle (2016) y añade: “Qué pasaría si no fuéramos capaces de reconocer ciertas regularidades de nuestro entorno y establecer generalizaciones que nos permitan leer hechos similares cada vez que surgen…” Pues tendríamos que aprender todos los días todas las cosas como, por ejemplo: que el azúcar endulza y que el agua moja. Y entonces, he aquí una especie de paradoja: Si no hay distorsiones, como diría el Pibe Valderrama: “Todo bien, todo bien”. Pero, si las hay…

Adicionalmente, debemos señalar, que el peligro de las distorsiones es la aparición de las adicciones y no exactamente nos referimos a las adiciones al alcohol, a las PSA o al cigarrillo: las adicciones a la toxicidad de las actitudes, la adicción a victimizarse, a sufrir. Una persona que suela sufrir por estas razones, es un adicto. Y las adicciones se suelen comenzar a superar con el querer dejarlas. Así que la adicción al sufrimiento requiere, en primerísimo primer lugar, la seria y decidida intensión de no querer sufrir más.

LA ANCESTRALIDAD

Carl G. Jung, se refirió a su propio árbol genealógico, de la siguiente manera:

(…) "Cuando trabajaba con el cuadro genealógico comprendí claramente la curiosa vinculación del destino que me une a los antepasados. Tengo la viva impresión de que estoy bajo la influencia de cosas o interrogantes que quedaron sin respuesta para mis padres y abuelos. Muchas veces me pareció que en una familia existía un karma impersonal que se transmitía de padres a hijos. Me lo pareció siempre, como si hubiera de dar respuesta a cuestiones que se plantearon a mis antepasados, sin que ellos pudieran responderlas, o como si debiera terminar o proseguir cosas que el pasado dejo inconclusas.”

(…) “Cuanto menos comprendamos lo que buscaron nuestros padres y antecesores, tanto menos nos comprendemos a nosotros mismos. (…) “Y así permanecemos en las tinieblas sin vislumbrar si el mundo de los antepasados participa con bienestar ancestral en nuestra vida, o a la inversa, si se aparta de ella con aversión. Nuestra tranquilidad y satisfacción internas dependen en gran medida de si la familia histórica, personificada por el individuo, concuerda o no con las condiciones efímeras de nuestro presente.” (2)

[1] Nombres ficticios usados para el ejemplo.

(2) Carl Jung, "Recuerdos, sueños, pensamientos", 1961

* Imagen tomada de Pixabay.

  • Canal de YouTube
  • Instagram
  • Facebook

Institución Educativa Antonio Holguín Garcés

2020 - Página Web de Actividades de Apoyo No presenciales como estrategia pedagógica de emergencia frente al Covid19

Sede principal: Calle 48 # 2AN-45 Barrio Santa Ana Norte. Sedes Rurales: Fabio Salazar Gómez: Vereda El Guanábano y Sede Luis Carlos Peña: Vereda Guayabito, Cartago - Valle del Cauca, Colombia.

Visite nuestra Página Web institucional: www.antonioholguingarces.edu.co 

Institución Educativa

Antonio Holguín Garcés -  ACTIVIDADES DE APOYO NO PRESENCIALES

  • Ventanilla Única
  • SEVE
  • Teams
  • Correo electrónico