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Bandera de Cartago

2020 - Rectoría de la Institución Educativa Antonio Holguín Garcés, Cartago (Valle del Cauca), Colombia

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  • Alvaro Posse

Querido Niño Dios...

Querido Niño Dios: Este año me he portado bien, por lo tanto, merezco ese carro de bomberos enorme, que tienes en el Almacén Ley. Tráelo, como cada año traes los regalos de navidad, llenando de luz la casa del Tío Ramón –palabras más, palabras menos, eso era lo que decía, por allá en 1972.



Entonces, inflábamos globos y los hacíamos volar con nuestras peticiones al Niño Dios, para que Él se acordara y nos trajera los regalos, en medio de ilusiones, fantasías, emociones y esperanzas… Y mientas eso hacíamos, una cuadrilla de tíos abuelos y tías, sacaban de los armarios los regalos que días antes nos habían comprado, a mis primos y a mí, y que también habían dedicado tardes enteras a empacar. Los acomodaban sigilosamente en medio de la penumbra y de las sombras de las luces apagadas de la sala de la casa, mientras, entretenidos en la calle, mirábamos al cielo. Justo a las 12 de la noche, del ya 25 de diciembre, a nuestras espaldas, se encendían todas las luces mientras gritos desordenados de las tías, nos llamaban a correr para ver los regalos, aparecidos por arte de magia instantánea, gracias a la llegada del Niño Dios.


El entonces tío Otoniel, sentado en el piso junto al árbol de navidad, leía las etiquetas de los regalos: “Del tío Próspero para Álvaro”, y nos hacían agradecer a los mayores sus generosos regalos. A pesar de estas evidentes pistas, tardamos mucho tiempo en descubrir, que los regalos no provenían del Niño Dios, sino de nuestros propios familiares…


Aquel Niño Dios que traía regalos es hoy el símbolo máximo del despertar de la consciencia, del nacimiento de la luz, de la llegada de la felicidad, esa misma que promovemos como factor prioritario en el devenir del desarrollo de nuestras jornadas académicas como docentes, directivos, administrativos o estudiantes. Pasamos, como mínimo, 6 horas diarias de nuestras vidas en el colegio, es decir, el 25% de nuestra vida se ocupa día a día en la institución: No vale la pena sufrir durante el 25% de nuestra vida. Ese porcentaje, hecho de felicidad, de amor por el conocimiento, por el hacer, por la convivencia y por el ser, son los que marcan el presente y abren el camino del futuro.


#felicidad